Cruzando el puente a Wolfson

Un día cualquiera de 1974 estaba Platkin (alias el viejo) recostado con su diario en el puff rojo, al lado de la mesita desarmable con la cajita de música arriba, al lado del televisor Grundig blanco y negro, y noten la mesita de servir plegada atrás. Este era el living de la casa de Israel.
La guemará no dice nada acerca de eso... pero si te fijás en Kidushin 4 bet...
Llega el pibe (alias Ale) del colegio todo cubierto de barro (sagrado) porque había llovido y el colegio estaba en medio de un potrero... y llega con el libro de álgebra de Maschler.

Tras lavarse Ale bien bien (atrás de las orejas también, como decía Shaike Ofir), le pone el libro al papá sobre el regazo. Obviamente que al ser un libro, encima un libro gordo, y encima en hebreo, a Platkin le da ternura y se pone a mirarlo.

Ese libro nos divirtió mucho durante un tiempo, porque hasta lo llevamos a Argentina cuando volvimos. Ahora bien, yo especulo que a Abraham le tiraba más hacer alguna graciosa guimatria (cuentas con el alfabeto hebreo) antes que seguir el tema de los números binarios y cómo ellos tenían que ver, por ejemplo, con que las boletas de luz nos llegaban en tarjetas perforadas. 

Una de las guimatriot más piolas de esa época decía así:
מה ההבדל בין רצוי ומצוי? כסף
Traduzco: la diferencia entre lo ideal y lo real es... plata. (Tomando los valores de las letras es como decir 306 - 146 = 160.)

A veces don Abraham leía libros o artículos de divulgación científica y entendía la historia, el contexto, todo... menos la matemática. En particular le tiraba la cibernética porque, siendo sus popes judíos emigrados de Europa Central, siempre había una referencia al rabino Loew y su golem. Y un día salió de una librería de viejo en con este libro...

Claro que en llegando a la parte donde el Norbert decía...
nuestro héroe arrugaba.

Yo era su referente de matemática y física cuando leyendo leyendo se topaba con algo interesante, sean las paradojas de Zenón, los números irracionales, la ley de los grandes números, o las órbitas de Brahe. Yo trataba de explicarle, pero por lo general llegábamos hasta donde se ponía peludo y no había forma.

Más allá de los estudios hebreos, para mí era grosso saberlo profesor en Filosofía y Letras donde podía codearse con Rosenvasser y otros nenes (aparte de todos los plomos que lo atosigaban porque papá era un poco demasiado bueno). Para darme un poco de roce con ese mundo, donde los artículos no incluyen fórmulas, fui ayudante en Cs. Sociales (donde tuve de alumnas a mi prima Susi y a mi casi-prima Clarisa, más un par de pibes que luego se hicieron conocidos).

Y medio lo fui educando, porque papá terminó jurando como ingeniero electrónico en la UBA.
Paseo Colón, diciembre 1990 (notar arbolito atrás... cambio cambio!)
Uno de mis lindos recuerdos es tres años después de esta foto, en Tel Aviv. Yo era ayudante en una materia de tercer año de ingeniería industrial (modelos estocásticos en investigación operativa), que era considerada la más brava de su cuatrimestre. Con los años fui tomándole la mano y haciéndolo de taquito.

Papá se moría por verme enseñar, así que un día de marzo de 1994 (cerca del nacimiento de Shajar) armé no sé qué historia por si me preguntaban, y me lo llevé a la respectiva aula del coqueto edificio Wolfson. Papá ("el inspector") se sentó en la última fila y se quedó hora y media mientras yo explicaba el práctico.
Notar el arco iris tras los árboles
Obviamente los muchachos lo relojeaban cada tanto; fue la única vez que los dos estábamos chochos de no parecernos, para que nadies sospeche. Y al final de la clase cruzamos el puente de Wolfson y bajamos por el sendero hacia la facultad de derecho hablando del mundo de la universidad y de cómo corregir trabajos de alumnos, cosa que lo apasionaba.

A esa altura ya estaba peleando contra la enfermedad, pero quiero creer que cada vez que se venía a Israel acumulaba najes para todo el año. Por cierto que papá conocía otros edificios de la universidad, incluyendo el Bet Hatfutzot, la facultad de Ciencias Judaicas, la biblioteca Sourasky y las librerías...
Platkin en la librería de la Universidad Hebrea... es Platkin feliz
Ahora, para que visite ingenería... tuve que ser yo. Supongo que le era una caricia en la oreja oir palabras en hebreo que él no usaba de corriente... como ponele התבדרות (divergencia) y תכנות (programación).
Ilusión óptica: Platkin no está mirando su laptop
Yo de pibe no tenía habitación: en Tucumán yo dormía en "la biblioteca". Cosa que sus bisnietos no podrán entender (dale... necesitás una pieza solamente para los libros?). Y la biblioteca fue su herramienta de toda la vida. Platkin pudo ser martillero o abogado pero quiso ser moré, y a fuerza de trabajo pudo vivir en su ley. Y cuando digo trabajo, es salir temprano a Ayacucho y volver tarde de la midrashá de Azcuénaga o del Seminario en Belgrano, ir en las noches libres a dar conferencias, viajar al interior varios fines de semana, traducir... Y esa es la enseñanza que tomé: aunque cueste, tratá de vivir en tu ley.

Hubo otras enseñanzas, y muchos otros alumnos, pero por hoy quedamos en eso.
Y después te voy a pedir un recuerdo para mis pibes